Los verdaderos campeones dejan el corazón en el juego

Las competencias siempre son el punto central de personajes que con vehemencia luchan por ser los mejores o que como equipo trabajan en sinergia por llevar los triunfos a sus regiones o países, por regalar sus preseas a una persona especial para ellos, o por compartir y construir lazos de amistad.

En esta oportunidad, a pesar de que el equipo de fútbol de la delegación del Valle tuvo una tarde difícil, contagiaron de amor fraternal y sentimiento a los espectadores que los vieron perder el primer puesto en la competencia.

Juan Felipe Mejía es el capitán y arquero de su equipo, participó en la Olimpiada pasada y junto con su equipo ganaron plata. Juan fue el deportista que más enterneció y acongojó los corazones de todos, su pasión por ganar y por dedicar su victoria a su mejor amigo, quien lo acompaña desde el cielo, era irresistible al alma.

En esta ocasión Juan y su equipo no pudieron llevarse la presea de oro ni la de plata, pero  por eso no dejan de ser campeones. La unión y la importancia que se muestra cada uno de los integrantes de la delegación es admirable; todos se tratan como hermanos, comparten la alegría y las tristezas, se consuelan y se felicitan; eso es lo que representa el verdadero espíritu de un campeón.