Campeones sin fecha de retiro

Es casi medio día y los voluntarios de Fides esperan a que lleguen las delegaciones que vienen de las partes más recónditas del país y del continente.  Tras haber mandado en un bus a la anterior cuadrilla de campeones, todos, sin el ánimo de parar, esperan en la entrada por donde llegará  la delegación de Antioquia.  Después de pocos minutos, como azulejos, entran cogidos de la mano y con sonrisa de triunfo,  los deportistas.

La delegación de la Fundación ANDECOL  ha traído a 21 participantes para la Olimpiada Fides. Todos son bienvenidos entre abrazos, chocadas de mano y sonrisas. Los voluntarios les toman fotos, les preguntan sobre el periplo, y les ayudan con su equipaje.  Mientras sucede esto, la presencia de tres deportistas impresiona a todos; con sombreros blancos,  gafas de sol, y con decoro paisa en su habla, caminan Clarita, Ricardo y Gustavo.

Los tres campeones no son el común denominador, no son deportistas convencionales, los tres rompen con la imagen del típico participante de la Olimpiada.  Esta trinidad avanza con decisión y humildad, se sientan  y conversan con ese acento agudo que apasiona a cualquier escucha, robándose así la atención y curiosidad; muchos se sientan a su lado a conversar  y se sorprenden de cómo se desenvuelven.

Clarita, Gustavo y Ricardo son tres adultos mayores, dos con discapacidad cognitiva y uno con síndrome de Down, los tres saben leer y escribir, saben manejar dinero, han trabajado en grandes empresas, han viajado, y como campeones son independientes, filántropos, y por sus paso dejan una estela de enamorados.   

La niña de la casa

Clara Inés Serna Agudelo tiene 57 años, es la deportista con mayor edad en su delegación. Es una mujer que con la chispa de su voz, su mirada, y su amabilidad encanta a más de uno. En esta oportunidad viene a competir en natación, en las modalidades 25 y 50 mt libre. En la estadía en Bogotá,  en el hotel, ella dirige y ayuda a sus compañeros de cuarto para que todo esté impecable, lo mismo hace en su casa: “ayudo a lavar los trastos, pinto, nado, y hago mándalas”.

Cuando se nombra a su mamá, Clarita inmediatamente pasa su mano derecha por sus ojos, como signo de dolor y duelo, pues su mamá la acompaña desde el cielo. Vive con sus hermanos, y tras haber aprendido a coser, ha decidido hacerle un edredón a su cuñada, a quien aprecia mucho. Esta campeona tiene una aura coqueta y muy “pinchada” (como dice ella), le gusta tener sus uñas siempre arregladas y estar en completa pulcritud.

Un Joven- adulto

Gustavo Adolfo Rico Echavarría  tiene 48 años, lleva 20 años en la Fundación, y  gracias al programa de inclusión laboral, trabajó en la Nacional de Chocolates durante 19 años; ahora mismo está en proceso de pensión. Este hombre se expresa con la típica gravedad que acompaña a los hombres de su región, es sonriente, amable, y tiene una lucidez admirable.  Gustavo vive con sus sobrinos y su mamá, quien tiene 87 años recién cumplidos, y lo acompaña en esta gran semana. Con las preseas en atletismo que espera ganar, él promete dárselas a ella como regalo de cumpleaños.

Competidor de cuerpo, mente y espíritu

Ricardo Andrés Ramírez Toro, vive con su mamá,  tiene 34 años, participa en natación en las modalidades de mariposa, espalda, pecho y libre. Él es un competidor apasionado que no conoce el cansancio ni la desesperanza, solo le presta atención a la meta. A Ricardo le gusta mantenerse “en régimen” (como dice él), come muy saludable y hace ejercicio;  pero además de preocuparse por su cuerpo, le importa estar activo en su tiempo libre: lee, practica yoga, viaja, se informa de la actualidad, y le encanta la política; es un miembro activo en la Fundación, ayuda a sus demás compañeros para que todos logren sus sueños;  y es muy espiritual, “Dios me ha contemplado mucho y me ama cada día más”.

Mientras caminan, como siempre, cogidos de la mano y alegres, la delegación de Antioquia se lleva a sus 21 campeones. En medio de todos, sin embargo, brillan como estrellas, los tres protagonistas, que en la placida tarde  llevan puestas  sus medallas, junto con sus sombreros blancos y gafas de sol. Gustavo le lleva su medalla a su mamá; Ricardo completa el par de preseas con su sonrisa; y Clarita se lleva su medalla de plata. A la medida que camina con encanto, y pinchada, como siempre, se despide con un: “que estés bien, oís”, mientras deja a unos con el honor de haberla entrevistado y a otros completamente enamorados.

La delegación se marcha dejando el claro mensaje de inclusión, el cual no solo compromete a los niños con talentos excepcionales, sino a los jóvenes y adultos, pues la edad no es un límite para el éxito y el triunfo. Los campeones no tienen fecha de vencimiento.